(Continuación del post del 19 de Diciembre de 2007: Historias casi, casi reales V.-)
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No hubo balcones, ni suicidios, ni duelos entre Montescos y Capuletos. No hubo grandes dilemas, consultas al Tarot, tampoco al horóscopo chino. Hubo, eso sí, una gran corriente de opinión que destronó al novio arrepentido -a quién todos conocían y apreciaban- y un apoyo casi masivo al nuevo (el petiso) -que casi nadie sabía quién era y solo tenían noticias de él por mentas-. De haberse efectuado una votación, el primero no entraba al ballotage ni por puta. Sus acciones declinaron ostensiblemente desde el día que decidió borrarse y, pese al aprecio que había cosechado, todos le bajaban el pulgar.

Las citas con lugares comunes comenzaron a circular masivamente: "segundas partes nunca fueron buenas"; "no hay dos sin tres"; "al que quiere celeste que le cueste"; las hacian los que votaban en contra. Algún desubicado dijo: "más vale tarde que nunca" y eso fue tomado como un apoyo al arrepentido y cosechó el repudio general.

JULIETA debía decidir bajo una enorme presión. Por un lado los involucrados directos la acosaban con diferentes artilugios: regalos, flores, constantes llamadas telefónicas, promesas de amor eterno. Por el otro el entorno de amigos y familiares, expectantes, interrogaban más o menos cada media hora: "y, que decidió?" Hasta uno de ellos se atrevió a preguntar: "hubo fumata? salió el humo blanco?"

Era un cruce de caminos con dos senderos que se bifurcaban (parodiando a Borges) y la luz que se veía al final podía ser la del tren que venía de frente. JULIETA, mientras tanto, no largaba prenda. Hacía mutis por el foro. Todos la observaban fijo y escuchaban atentamente. Trataban de adivinar en su mirada una señal, un guiño que indicara hacia donde apuntaba la brújula. Al escuchar una simple palabra, miles de interpretaciones trataban de desentrañar si el fiel de la balanza se inclinaba hacia uno u otro lado. Pero nada, todas conjeturas sin sentido.

Llegó la Navidad y hasta Santa Claus espiaba desde atrás de un reno para ver si la nena se decidía. Allí estábamos, todos sentados a la mesa con las velas, el pavo, el vithel toné, el champagne frío, las avellanas, los turrones y las nueces aguardando una simple mordida y JULIETA que no llegaba. Los chicos ansiosos, la abuela que tenía hambre, el pavo recalentado a punto de estallar. De pronto una canción de Calamaro sonando en la calle. Alguien miró por la ventana. Un auto había estacionado en la puerta. La canción de Calamaro decía: "...la moneda cayó para el lado..." Para el lado del arrepentido cayó! JULIETA bajó del auto y ante la mirada atónita de todos los parientes dijo, muy suelta de cuerpo: "Me trajo Marcelo. Volví con él". La tía, desde el fondo gritó: "Más vale malo conocido..." y se repitieron los lugares comunes.

(FIN) aparentemente.

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