Vestidas y producidas, la mayorìa de las mujeres suelen disimular bastante buien sus defectos y carencias.
Las elegantes -por ejemplo- usan ropa de buena marca y asì resaltan sus virtudes y soslayan ciertas deficiencias tornàndolas invisibles debajo de tanta producciòn.
Ahora, en la playa es otra cosa. Aparecen en su real dimensiòn y les resulta pràcticamente imposible ocultar los defectos. Y ellas lo saben! Pero no les queda màs remedio que andar semi en bolas, mostràndose.
Asì aparecen ante nuestros ojos culos celulìticos, tetas caìdas, (o inexistentes), caderas anchas, panzas flàccidas. Esto generalmente suele verse en las de màs de 40 años. Las mayores de 50, salvo rarìsimas excepciones, mejor ni mirarlas.
Bajando en la escala, estàn las de entre 30 y 40. Son las que no quieren rendirse. Luego de una larga lucha durante el año en el gimnasio, aparecen en la arena mostrando sus virtudes, tratando de parecerse a las de 20 y algo. Claro, estàn buenas, pero no se las puede comparar. Las de 20 y algo revientan todo. Pechos turgentes, culos parados, carnes duras. Son un regalo para la vista! Usan bikinis tipo hilo dental que se les entierran en la raya y uno no puede menos que clavar la vista allì. Es como un imàn a los ojos y al pirulìn que palpita al ritmo del andar desfachatado de esas guachas caminando sobre la arena.
Tambièn estàn las de 15 y un poco màs. Quieren mostrarse. Las hormonas les explotan, pero todavìa les falta un hervor, aunque hay algunas con las que rozarìa el infanticidio.

Despuès estàn las otras: las feas, las flacas impresentables y las gordas a las que no les importa nada y no dudan en pasearse en bikini y cola less. Ufff!!! Parecen ballenas encalladas en la arena cuando toman sol despatarradas sobre las lonas playeras.

Y como este es un post machista no voy a hablar de los hombres, porque me caben las generales de la ley. Integro alguno de los grupos que no me gustarìa detallar. Por lo tanto, cubriremos esto con un piadoso manto de silencio. Solo dirè que estoy negro como un carbòn, un tanto escamoso, medio podrido de pasar tanto tiempo al pedo y contando los dìas que faltan para retornar a la puta rutina de la que -obviamente- me quejarè durante el resto del año. Uno es un ser insatisfecho por naturaleza.
Hasta la pròxima.

(Por ahora, el Inefable Dr. Novillo Saravia continùa -como buen viejo verde, carcamàn-, observando culitos en la playa por unos dìas màs, mientras hace como que està leyendo un libro, Jà!).